Vintage (cosecha) es el término empleado para referirse a
objetos o accesorios con cierta edad, que no pueden aún catalogarse como
antigüedades, y que, como los buenos vinos, se considera que han
mejorado o se han revalorizado con el paso del tiempo. Se utiliza para
designar instrumentos musicales, automóviles, libros, relojes,
fotografías, y, más recientemente, prendas o accesorios de vestir,
además de videoconsolas y videojuegos.
El auge de la estética vintage se ha visto acrecentado por
iconos de la moda como Dita Von Teese que viste casi exclusivamente con prendas de segunda mano, además de peinarse y maquillarse según la época correspondiente.1
Tal es el valor actual de lo vintage, que las casas de moda están recurriendo a esa estética en sus nuevas colecciones.
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El vintage es una manifestación de la cultura posmoderna. Es producto
de la pérdida de fe en el progreso y el desencanto del motor de la
innovación propia de la modernidad. Así, en vez de mirar al futuro, se
recurre con nostalgia a elementos de eras pasadas, pero carentes de
significado original. De esta manera, la moda se sirve del pasado por
motivos meramente estéticos, donde se mezclan elementos de distintas
épocas y lugares, descontextualizados de su función y razón original.

Algunos elementos que vale la pena considerar a la hora de
identificar una prenda vintage se basan en la fecha de ciertos
descubrimientos o prácticas comerciales. Por ejemplo, las etiquetas con
instrucciones de lavado y secado o los cierres de plástico sólo
aparecieron en los
años 1960. También se tiene el caso del nailon, que se descubrió en 1935, pero no llegó a Europa sino una década más tarde..